Sobre los comentarios en Google (o mi carta abierta a un tal José Manuel)

Estaba yo buscando por internet el teléfono de mi librería favorita, porque tengo que recoger un pedido y de repente me he acordado de que a partir de determinada fecha cierran los sábados por la tarde... pero no podía recordar si era desde mediados de julio o todo el mes de agosto... así que he llamado, y sí, me han dicho que esta tarde no están, así que aquí estoy yo pensando que igual hoy me tomo media horita y me voy a recoger mi pedido; cuando por puro aburrimiento, y por un poquito de curiosidad, he empezado a leer los comentarios que los usuarios dejan en las páginas que google nos crea (sí, señores esas páginas en las que ustedes opinan las crea google y no nosotros, pequeños comercios que bastante tenemos con atenderlos, como para luego andar leyendo los comentarios que dejan en internet sobre nosotros...), y me he encontrado con esto:

"Primera experiencia con mis hijas en una librería no comercial nefasta. Un dependediente emparanollado acosando a que los niños no se acerquen a los libros . Resumen nos fuimos sin comprar y mosqueados. Por lo demás soy cliente avitual. Tienen buenos precios y un poco de todo."

Lo firma un tal José Manuel, y la pena es que el google deja que los usuarios anónimos dejen los comentarios que quieran, pero no deja que otros contestemos... vamos que sobre un comercio uno puede decir lo que se le pase por la cabeza cuando quiera, pero yo no le puedo decir a otro usuario lo que pienso de su comentario... así que sirva este post como carta abierta al tal José Manuel:

Lo primero que noto y que me preocupa, querido José Manuel es que distingues entre librerías comerciales y no comerciales, lo que la verdad es que me deja un tanto sorprendida... es que en esta librería no se puede comprar? y siendo la respuesta que sí, ya que yo misma he comprado muchas veces allí, me pregunto, qué son para ti librerías comerciales, aunque ya me lo puedo imaginar, y porque hasta ahora solo has llevado a tus pobres hijas a ese tipo de librerias y no a las librerías de verdad... porque quizás, si lo hubieras hecho, tus hijas sabrían comportarse... que cómo sé que tus hijas no saben comportarse? lo deduzco de tu comentario... el pobre dependiente, no estaba emparanoiado (ni emparanollado, no vamos a discutir, aún por la ortografía, ya que no tengo claro ni que esta palabra exista, ni tampoco de la construcción de la frase completa, porque es para nota, ya que no logro entender como se puede "acosar a que los niños no se acerquen a los libros"), lo que estaba era asustado, porque como dependienta que a veces se enfrenta con niños maldecuados, la verdad es que es muy complicado mantener la clama cuando uno ve que los niños toquetean los libros sin ningún tipo de tacto, y que sus maleducados padres, no les dicen nada al respecto... La verdad es que es muy embarazoso cuando en cumplimiento de tu trabajo te encuentras con niños que no han sido debidamente educados por sus padres, que no saben comportarse, y que además gozan de una total y absoluta indiferencia por parte de sus padres, que una al final no sabe si es que de verdad no se dan cuenta de lo maleducados que son sus hijos, o es que están tan avergonzados que no los riñen porque están disimulando para que la gente no piense que son suyos...
Y voy al momento de tu comentario en el que me han saltado todas las alarmas, ese momento en el que me he dado cuenta, querido José Manuel de que eres un mentiroso: dices que eres un cliente habitual, pero sabes qué, querido José Manuel? que no me lo creo... porque si fueses cliente habitual de cualquier librería del mundo, sabrías que habitual se escribe así, como lo estoy escribiendo yo... con hache y con be... sí, querido José Manuel, porque cualquiera que lea tu comentario sabe que: normalmente vas a grandes superficies y no estás acostumbrado, ni tus hijas tampoco, a ir a comercios de barrio; que tus hijas son unas maleducadas, hasta el punto de haber puesto nervioso al pobre dependiente, y que tú y tu mujer también lo sois por no haberles llamado la atención a vuestras hijas y haberles pedido que se comportasen como deben comportarse los niños en un lugar público, donde por cierto hay más gente que no tiene porque soportar la mala educación de toda vuestra familia; y que tú eres un mentiroso, porque cualquier lector habitual sabe como se escribe la palabra habitual.
Al menos al final eres sincero, y reconoces que tienen buenos precios y un poco de todo, con lo que estoy totalmente de acuerdo...

Así que ojito con lo escribís por ahí, porque como veis, los demás podemos deducir muchas cosas de vuestras críticas anónimas...


Preguntas

Cuando la gente llama a un comercio un viernes por la tarde (que no es ni un lunes, ni un martes, ni un miércoles, ni un jueves, sino un viernes), y te pregunta el horario, y tú se lo das, y resulta que cierras en cinco minutos, ¿qué pretenden exactamente cuando te dicen que creen que no van a llegar, que si los puedes esperar?
¿Será que ocho horas de jornada laboral les parecen pocas? 
¿Será que el hecho de que al día siguiente, sábado vayas a estar cuatro horas más, no les importa? 
¿Será que en general los clientes se creen tan especiales como para pensar que en vez de querer irte a tu casa, o a hacer la compra, o al cine y a cenar, prefieres alargar tu jornada laboral media horita más, para dar un servicio que llevas ocho horas dando? 
¿O será simplemente que la gente es egoista y maleducada y no se da cuenta de que después de toda la semana trabajando cara al público, lo que menos te apetece es seguir viendo al público? 
La verdad es que no lo sé, y agradecería respuestas, ya que cada vez que esto me pasa, me quedo tan descolocada que no sé que contestar... y al parecer mi silencio es ofensivo, y nada más lejos de mi intención que ofender a alguien con tan poca educación como para no tener en cuenta que los horarios están para respetarlos.

Códigos

La primera llamada de teléfono del día:

- Buenas, es que ayer vi en vuestra página web un artículo y quería saber si lo teníais ahí.
- Me puede indicar la referencia?
- Pues no, porque lo vi anoche, y os llamé y ya no estabais,
- (normal, yo por las noches me voy a mi casa)
- y la verdad es que no se me ocurrió apuntarme nada.
- (pa'que, pudiendo jugar a adivinar cosas?)
- Pero es un artículo que vale 2,95 €
- (Lástima que mi ordenador no tenga un botón mágico para buscar por precio)
- Y está en la web.
- (Web en la que ni yo misma sé, cuantos artículos tenemos)

Así que tras varias búsquedas en las que el cliente me iba dando pistas y yo buscaba por la web a ver si encontraba el artículo en cuestión, increíble pero cierto (más por intuición que por los datos aportados) lo encuentro.
Le digo que sí, que lo tenemos, y le doy la referencia y el código.

Eso era a las nueve y poco de la mañana, y ahora, a la una y cuarto, me pregunta el hijo del otro jefe, si yo he cogido esta mañana una llamada, me da toda la explicación, y me pregunta si por un casual me acuerdo del código, porque el cliente (que debe ser un jugador nato) no se lo ha apuntado.

Por suerte mi memoria es mejor de lo que cabría esperar, y aunque parezca mentira me acordaba aún del código.

Y digo yo, que hay que sentirse muy especial, para ir así por la vida, no?...
Y es que hay personas que se creen inolvidables, pero la mayoría de las veces, no se imaginan porque las recordamos, y no es precisamente ni por su educación ni por cualidades... digo yo.

La tele

(Dedicado a la tita Clara, por si pasa por aquí...)

Pues esta historia empezó hará cosa de cuatro semanas, cuando mi tele empezó a hacer cosas extrañas. Se le iba la voz, como cuando estabas escuchando música y se le acababan las pilas al walkman, y en vez de tu cantante favorito parecía que cantaba la niña del exorcista. Pues esa distorsión del sonido, pero a ratos, lo que puede parecer una tontería pero resulta bastante molesto cuando llevas un rato soportándolo.

En fin, que mi tele empezó a hacer cosas raras y yo decidí esperarme a ver si se le pasaba, aunque con pocas esperanzas, para que lo voy a negar... porque estos problemas técnicos rara vez van a mejor y suelen ir a peor, la mayoría de las veces.

Así que tras una semana esperando a ver si a mi tele se le pasaba la tontería, decidí que necesitaba una tele nueva, y ahí es donde empezó a complicárseme la vida.

Durante una semana estuve mirando por internet a ver que tele podía comprarme, mirando las especificaciones técnicas para ver cuanto miden en realidad en centímetros las teles de treinta y dos y cuarenta pulgadas, midiendo mi salón (que en verdad es una salita, aunque si he de ser sincera es más bien una habitación con un sofá...) y después de darle varias vueltas decidí que lo ideal para mí era una televisión de treinta y dos pulgadas.

Y así se lo comuniqué al jefe, para que pidiera la tele a uno de nuestros proveedores, pero el jefe hay veces que yo hablo y él escucha llover, así que desde el lunes en el que tomé la decisión de que necesitaba una tele, hasta el viernes, el pobre no encontró el momento de encargarla...

Y el viernes, por fin, el jefe ante la amenaza de pedirla por mi cuenta, llamó por teléfono a preguntar el precio de la tele que yo me quería comprar; me lo enseñó en un papel, yo asentí dando mi consentimiento, y entonces él preguntó cuanto costaba la misma pero en cuarenta pulgadas y sin más, decidió que era esa la que yo necesitaba en realidad.

Así que el lunes (no este lunes, sino el pasado) llegó una tele de cuarenta pulgadas, que valía más de lo que yo había pensado gastarme y que además, era demasiado grande.

Y mis temores se materializaron cuando saqué el soporte de la caja (la tele sigue dentro) y comprobé que: o mi mesa para la tele era muy pequeña, o el soporte demasiado grande, pero el caso es que sobraba soporte o faltaba mesa, así que asumí que tendría que comprar una nueva.

Ay! si ahí se hubiesen acabado mis problemas... El martes después del trabajo, nos fuimos mi hermana y yo a buscar una mesita para la televisión, armadas con una cinta métrica para evitar sorpresas, y tras dar varias vueltas, encontramos una mesa que podía servir para la emergencia; pero no quedaban en stock, y la de muestra no quisieron vendérnosla, y me dijeron que el viernes (no ese viernes, sino el siguiente, me dirían si podían traérmela)

Aprovecho para recordar, que mientras todo esto pasaba mi tele seguía haciendo cosas extrañas, y empezaba a ponerme nerviosa ver mis series favoritas.

Así que decidimos seguir buscando, pero, no había manera, no había mesas para teles cerca.

Encontramos una mesita que podía ser reconvertida, y aunque no era la solución ideal (entre lo que costaba la mesa y los arreglos se me iba un pelín de presupuesto), como la chica de la tienda de muebles me aseguró que la tendría para el viernes (pasado), y yo empezaba a estar harta de buscar una mesa que no encontraba, accedí al trato.

Pero estamos a miércoles y aunque he llamado a la tienda de muebles, la chica lo único que me ha dicho es que en cuanto la tenga me avisa para que pase a recogerla; y yo veo la tele acojonada (porque me da miedo que si me despisto salga la niña del exorcista y me ataque), y tengo una tele nueva en la entrada de casa dentro de una caja.
 
Con lo fácil que hubiera sido todo con una tele más pequeña...
 

15.06.2013

Sábado, 13:25 del mediodía. Suena el teléfono:

- Nombredelatienda dígame...
- A qué hora cerrais?
- A la una y media.
- Pues no sé si me va a dar tiempo a llegar.
- ...
- Me visto y voy para allá... crees que me dará tiempo?
- Pues no sé... si llega en cinco minutos, sí...
- No, no me has entendido. Yo me visto y voy para allá... Me esperais? Es que me acabo de levantar.
- ...

(Pues teniendo en cuenta que llevo aquí desde las nueve de la mañana, y que ha tenido usted cuatro horas y media para venir a comprar... La verdad es que no... no le vamos a esperar.)

- Si llega en cinco minutos, le atenderemos...



27.4.13

lo admito: se me llevan los demonios cada vez que oigo ronquidos...
no lo puedo evitar...
se podría pensar que soy un poco tiquismiquis, muy poco comprensiva e incluso algo egoista; pero el caso es que con la que está cayendo, con mas de seis millones de personas buscando empleo y sin encontrarlo... me parece una falta de respeto tener que oir ronquidos mientras trabajo...
porque a mí me cuesta un mundo levantarme cada mañana... tomo un café tras otro para mantenerme despierta... hago lo mío, lo que no es mío y reviso lo de los demás...
y tener la certeza de que mientras tú estás trabajando... poniendo atención para no equivocarte... revisando lo hecho para evitar errores... haya alguien en la mesa de detrás durmiendo tan ricamente como para llegar a roncar... lo siento, pero eso no está bien...
y como te decía se me llevan los demonios... y entonces toso, carraspeo, dejo que suene el teléfono mas de tres tonos para ver si funciona a modo de despertador... tiro al suelo la grapadora, los cuños y todo aquello que pueda caer sin romperse...
y llamo a gritos a mi hermana que está en la caja (yo!? que siempre he dicho que teniendo teléfonos para pasar llamadas, y piernas para andar, había que evitar dar gritos...)
todo para sacar de sus sueños a alguien que no entiende que en horario laboral una no debería apoyarse en la mesa (como hacen los niños) y pillar postura para echarse un sueñecito...
y se me llevan los demonios... no lo puedo evitar... y busco nuevas maneras de ejercer de despertador, pero admito que se me acaban las ideas...

y lo peor!?... lo que mas me desespera!?... que estoy convencida de que ella está convencida de que nadie se da cuenta de que se pasa las mañanas y las tardes durmiendo... estoy convencida de que cree que lo hace tan bien (lleva casi un año practicando) que no sabemos que se duerme...

en fin... al final tendré que cambiar mis cafés por valerianas... porque te juro que se me llevan los demonios...

30.04.2012

y empiezo a preguntarme cuantas veces me puede decir mi compañera que me he equivocado, y repetirme el mismo fallo, sin que me de un cruce de cables...
y es que ha descubierto (me estaban haciendo un examen y yo sin enterarme) que me he equivocado en una cosa... así que en cuanto el jefe ha entrado en el despacho me ha informado de mi error en voz lo suficientemente alta como para que nos enteraramos los dos...
vale... me equivoco... lo reconozco... soy humana aunque a veces no lo parezca... mea culpa, pido perdón y sigo con mis cosas...
el jefe sale del despacho y reina el silencio, roto por las llamadas de teléfono y el sonido de mis tecleos...
abro correos, hago la caja, guardo las facturas...
vuelve el jefe, y mi compañera vuelve a informarme de que me he equivocado...
vaya! dos fallos!?
no... me doy cuenta al ir a su ordenador para mirar que se trata del mismo error del que ya hemos hablado antes...
el jefe sale del despacho y se acaba el tema... vuelvo a mi mesa y sigo con mis cosas...
y estoy tranquila hasta que el jefe vuelve a entrar y oigo a mi compañera que vuelve a decirme que me he equivocado... ya van tres fallos!?
no... seguimos hablando del mismo fallo, que por cierto ya está corregido, lo que parece que da el tema por solucionado, hasta que el jefe, que había salido, vuelve a entrar y entonces mi compañera me vuelve a informar de que me he equivocado...

miro el reloj, y como aún no son las seis de la tarde, me pregunto cuantas veces mas me dirá que me he equivocado de aquí a las siete y media (hora a la que cerramos) y entonces veo que el jefe viene hacia aquí... y sí... conforme entra el jefe en el despacho mi compañera vuelve a informarme de que me he equivocado... sí... sigue siendo el mismo fallo...

y me pregunto en que momento debería decirle (a ella pero con el jefe en el despacho, claro) que sí... que me equivoqué... y recordarle que le pregunté como se hacía y que fue ella la que me explicó como se hacía...

en fin... el jefe viene para aquí... me da a mí que voy a volver a oir que me he equivocado...
sí...