Códigos

La primera llamada de teléfono del día:

- Buenas, es que ayer vi en vuestra página web un artículo y quería saber si lo teníais ahí.
- Me puede indicar la referencia?
- Pues no, porque lo vi anoche, y os llamé y ya no estabais,
- (normal, yo por las noches me voy a mi casa)
- y la verdad es que no se me ocurrió apuntarme nada.
- (pa'que, pudiendo jugar a adivinar cosas?)
- Pero es un artículo que vale 2,95 €
- (Lástima que mi ordenador no tenga un botón mágico para buscar por precio)
- Y está en la web.
- (Web en la que ni yo misma sé, cuantos artículos tenemos)

Así que tras varias búsquedas en las que el cliente me iba dando pistas y yo buscaba por la web a ver si encontraba el artículo en cuestión, increíble pero cierto (más por intuición que por los datos aportados) lo encuentro.
Le digo que sí, que lo tenemos, y le doy la referencia y el código.

Eso era a las nueve y poco de la mañana, y ahora, a la una y cuarto, me pregunta el hijo del otro jefe, si yo he cogido esta mañana una llamada, me da toda la explicación, y me pregunta si por un casual me acuerdo del código, porque el cliente (que debe ser un jugador nato) no se lo ha apuntado.

Por suerte mi memoria es mejor de lo que cabría esperar, y aunque parezca mentira me acordaba aún del código.

Y digo yo, que hay que sentirse muy especial, para ir así por la vida, no?...
Y es que hay personas que se creen inolvidables, pero la mayoría de las veces, no se imaginan porque las recordamos, y no es precisamente ni por su educación ni por cualidades... digo yo.

La tele

(Dedicado a la tita Clara, por si pasa por aquí...)

Pues esta historia empezó hará cosa de cuatro semanas, cuando mi tele empezó a hacer cosas extrañas. Se le iba la voz, como cuando estabas escuchando música y se le acababan las pilas al walkman, y en vez de tu cantante favorito parecía que cantaba la niña del exorcista. Pues esa distorsión del sonido, pero a ratos, lo que puede parecer una tontería pero resulta bastante molesto cuando llevas un rato soportándolo.

En fin, que mi tele empezó a hacer cosas raras y yo decidí esperarme a ver si se le pasaba, aunque con pocas esperanzas, para que lo voy a negar... porque estos problemas técnicos rara vez van a mejor y suelen ir a peor, la mayoría de las veces.

Así que tras una semana esperando a ver si a mi tele se le pasaba la tontería, decidí que necesitaba una tele nueva, y ahí es donde empezó a complicárseme la vida.

Durante una semana estuve mirando por internet a ver que tele podía comprarme, mirando las especificaciones técnicas para ver cuanto miden en realidad en centímetros las teles de treinta y dos y cuarenta pulgadas, midiendo mi salón (que en verdad es una salita, aunque si he de ser sincera es más bien una habitación con un sofá...) y después de darle varias vueltas decidí que lo ideal para mí era una televisión de treinta y dos pulgadas.

Y así se lo comuniqué al jefe, para que pidiera la tele a uno de nuestros proveedores, pero el jefe hay veces que yo hablo y él escucha llover, así que desde el lunes en el que tomé la decisión de que necesitaba una tele, hasta el viernes, el pobre no encontró el momento de encargarla...

Y el viernes, por fin, el jefe ante la amenaza de pedirla por mi cuenta, llamó por teléfono a preguntar el precio de la tele que yo me quería comprar; me lo enseñó en un papel, yo asentí dando mi consentimiento, y entonces él preguntó cuanto costaba la misma pero en cuarenta pulgadas y sin más, decidió que era esa la que yo necesitaba en realidad.

Así que el lunes (no este lunes, sino el pasado) llegó una tele de cuarenta pulgadas, que valía más de lo que yo había pensado gastarme y que además, era demasiado grande.

Y mis temores se materializaron cuando saqué el soporte de la caja (la tele sigue dentro) y comprobé que: o mi mesa para la tele era muy pequeña, o el soporte demasiado grande, pero el caso es que sobraba soporte o faltaba mesa, así que asumí que tendría que comprar una nueva.

Ay! si ahí se hubiesen acabado mis problemas... El martes después del trabajo, nos fuimos mi hermana y yo a buscar una mesita para la televisión, armadas con una cinta métrica para evitar sorpresas, y tras dar varias vueltas, encontramos una mesa que podía servir para la emergencia; pero no quedaban en stock, y la de muestra no quisieron vendérnosla, y me dijeron que el viernes (no ese viernes, sino el siguiente, me dirían si podían traérmela)

Aprovecho para recordar, que mientras todo esto pasaba mi tele seguía haciendo cosas extrañas, y empezaba a ponerme nerviosa ver mis series favoritas.

Así que decidimos seguir buscando, pero, no había manera, no había mesas para teles cerca.

Encontramos una mesita que podía ser reconvertida, y aunque no era la solución ideal (entre lo que costaba la mesa y los arreglos se me iba un pelín de presupuesto), como la chica de la tienda de muebles me aseguró que la tendría para el viernes (pasado), y yo empezaba a estar harta de buscar una mesa que no encontraba, accedí al trato.

Pero estamos a miércoles y aunque he llamado a la tienda de muebles, la chica lo único que me ha dicho es que en cuanto la tenga me avisa para que pase a recogerla; y yo veo la tele acojonada (porque me da miedo que si me despisto salga la niña del exorcista y me ataque), y tengo una tele nueva en la entrada de casa dentro de una caja.
 
Con lo fácil que hubiera sido todo con una tele más pequeña...
 

15.06.2013

Sábado, 13:25 del mediodía. Suena el teléfono:

- Nombredelatienda dígame...
- A qué hora cerrais?
- A la una y media.
- Pues no sé si me va a dar tiempo a llegar.
- ...
- Me visto y voy para allá... crees que me dará tiempo?
- Pues no sé... si llega en cinco minutos, sí...
- No, no me has entendido. Yo me visto y voy para allá... Me esperais? Es que me acabo de levantar.
- ...

(Pues teniendo en cuenta que llevo aquí desde las nueve de la mañana, y que ha tenido usted cuatro horas y media para venir a comprar... La verdad es que no... no le vamos a esperar.)

- Si llega en cinco minutos, le atenderemos...



27.4.13

lo admito: se me llevan los demonios cada vez que oigo ronquidos...
no lo puedo evitar...
se podría pensar que soy un poco tiquismiquis, muy poco comprensiva e incluso algo egoista; pero el caso es que con la que está cayendo, con mas de seis millones de personas buscando empleo y sin encontrarlo... me parece una falta de respeto tener que oir ronquidos mientras trabajo...
porque a mí me cuesta un mundo levantarme cada mañana... tomo un café tras otro para mantenerme despierta... hago lo mío, lo que no es mío y reviso lo de los demás...
y tener la certeza de que mientras tú estás trabajando... poniendo atención para no equivocarte... revisando lo hecho para evitar errores... haya alguien en la mesa de detrás durmiendo tan ricamente como para llegar a roncar... lo siento, pero eso no está bien...
y como te decía se me llevan los demonios... y entonces toso, carraspeo, dejo que suene el teléfono mas de tres tonos para ver si funciona a modo de despertador... tiro al suelo la grapadora, los cuños y todo aquello que pueda caer sin romperse...
y llamo a gritos a mi hermana que está en la caja (yo!? que siempre he dicho que teniendo teléfonos para pasar llamadas, y piernas para andar, había que evitar dar gritos...)
todo para sacar de sus sueños a alguien que no entiende que en horario laboral una no debería apoyarse en la mesa (como hacen los niños) y pillar postura para echarse un sueñecito...
y se me llevan los demonios... no lo puedo evitar... y busco nuevas maneras de ejercer de despertador, pero admito que se me acaban las ideas...

y lo peor!?... lo que mas me desespera!?... que estoy convencida de que ella está convencida de que nadie se da cuenta de que se pasa las mañanas y las tardes durmiendo... estoy convencida de que cree que lo hace tan bien (lleva casi un año practicando) que no sabemos que se duerme...

en fin... al final tendré que cambiar mis cafés por valerianas... porque te juro que se me llevan los demonios...

30.04.2012

y empiezo a preguntarme cuantas veces me puede decir mi compañera que me he equivocado, y repetirme el mismo fallo, sin que me de un cruce de cables...
y es que ha descubierto (me estaban haciendo un examen y yo sin enterarme) que me he equivocado en una cosa... así que en cuanto el jefe ha entrado en el despacho me ha informado de mi error en voz lo suficientemente alta como para que nos enteraramos los dos...
vale... me equivoco... lo reconozco... soy humana aunque a veces no lo parezca... mea culpa, pido perdón y sigo con mis cosas...
el jefe sale del despacho y reina el silencio, roto por las llamadas de teléfono y el sonido de mis tecleos...
abro correos, hago la caja, guardo las facturas...
vuelve el jefe, y mi compañera vuelve a informarme de que me he equivocado...
vaya! dos fallos!?
no... me doy cuenta al ir a su ordenador para mirar que se trata del mismo error del que ya hemos hablado antes...
el jefe sale del despacho y se acaba el tema... vuelvo a mi mesa y sigo con mis cosas...
y estoy tranquila hasta que el jefe vuelve a entrar y oigo a mi compañera que vuelve a decirme que me he equivocado... ya van tres fallos!?
no... seguimos hablando del mismo fallo, que por cierto ya está corregido, lo que parece que da el tema por solucionado, hasta que el jefe, que había salido, vuelve a entrar y entonces mi compañera me vuelve a informar de que me he equivocado...

miro el reloj, y como aún no son las seis de la tarde, me pregunto cuantas veces mas me dirá que me he equivocado de aquí a las siete y media (hora a la que cerramos) y entonces veo que el jefe viene hacia aquí... y sí... conforme entra el jefe en el despacho mi compañera vuelve a informarme de que me he equivocado... sí... sigue siendo el mismo fallo...

y me pregunto en que momento debería decirle (a ella pero con el jefe en el despacho, claro) que sí... que me equivoqué... y recordarle que le pregunté como se hacía y que fue ella la que me explicó como se hacía...

en fin... el jefe viene para aquí... me da a mí que voy a volver a oir que me he equivocado...
sí...

30/01/12

Hace tiempo que no tecleo en este blog, pero hoy siento que o vomito lo que siento (al menos parte del sentimiento) y pongo en letras lo que me pasa o me va a dar un colapso o me voy a echar a llorar; y si sigo llorando en mi mesa del despacho me voy a cargar de manera definitiva mi (maltrecha) fama de chica dura...

Sea como sea, hay cosas que sólo me sé sacar por escrito... quizás porque escribiendo puedes ordenar tus pensamientos... porque puedes ordenar las palabras y intentando hacer que alguien te entienda, conseguir entenderte un poco...

A lo que iba, que me disperso...

Hoy tengo un mal, mal, mal día... lo malo es que esto últimamente no es ninguna novedad. Mi compañera de despacho lleva un mes de baja por ansiedad, y si he de ser sincera la que al final va a terminar teniendo ansiedad voy a ser yo... por culpa de ella.

Y pensarás que soy injusta... a veces yo misma lo pienso... que si la pobre mujer tiene ansiedad, pues tiene derecho a pillarse una baja, desaparecer y dejarnos a los demás que sobrevivamos como podamos. Porque eso es lo que hacemos desde primero de año: sobrevivir como podemos.

Y es que aquí siempre hemos funcionado por partes... cada uno hace lo que le toca (o cada cual aguanta su vela) y vamos tirando. Pero si quien lleva la contabilidad desaparece de la noche a la mañana sin aviso previo, con una facturación a medias y el año sin cerrar y todo lo demás, pues te imaginarás que los que se quedan no sepan por donde tirar.

En este último mes estoy aprendiendo los misterios de la contabilidad a la fuerza, con prisas y con una inseguridad que me da dolor de barriga cada vez que me pongo a hacer algo.

Porque cada uno es como es, y yo soy de las que necesita saber lo que hace para sentirse segura, y como aquí no han habido explicaciones (y las pocas que han habido es mejor obviarlas) yo me noto desquiciada, insoportable y quizás (solo quizás) un poquitito amargada...

Ves, ya respiro hondo y me siento mas relajada... aunque sé que lo tecleado no me ayuda a solucionar mis problemas mas inmediatos (tengo que sentar facturas de proveedores, domiciliar pagos, emitir y enviar talones, facturar a los clientes, enviar las remesas al banco, imprimir los recibos para controlar los pagos y descubrir que pasos hay que seguir que todavía desconozco, porque no hay un manual que diga cuales son pasos, ni nadie que dé respuestas correctas, he llamado a mi compañera, pero hay que saber que preguntar y ella no parece dispuesta a ayudar demasiado, como si su trabajo fuera secreto de estado) al menos me he sacado parte de los demonios que me giran en torno...

Mañana o pasado, si puedo, seguiré poniendo en letras mi alma... no creo que sirva de nada, pero al menos ahorraré en psicólogos... el documento en blanco siempre ha sido un buen confidente en momentos como este...

2.12.2011

yo un día de estos me voy a traumatizar...
y es que una abre el mail confiada, y zas...
pasa lo que pasa...

y es que (juro que es cierto)
me acaban de descubrir que hay formas de hacer daño
que hasta ahora no había contemplado...

y te estarás preguntando que me han podido escribir
que me ha traumatizado tanto...
así que transcribo:


"Le reenvío el e-mail en el que haceptavamos el presupuesto"


no me dirás que no duele...

lo dicho... yo un día de estos me traumatizo y después no sé que pasará...